Abadie,
Bruschera, Melogno: “Banda Oriental. Pradera, frontera, puerto”
BANDA PRADERA, FRONTERA Y PUERTO ¿POR QUÉ?
1) LA BANDA PRADERA: La pradera se configura a partir
de la introducción del ganado en el siglo XVII por Hernandarias. Tras esta
introducción el paisaje de la Banda Oriental perdió la mayoría de su vegetación
alta, (bosque indígena) para transformarse en la pradera que hoy
conocemos. Las propicias condiciones del clima y del terreno,
hicieron posible una multiplicación asombrosa del ganado cimarrón (libre y sin
dueño, no sujeto a rodeo ni cuidado alguno, por lo cual su carne era poco
apetitosa y magra) dando lugar al nacimiento de las “minas de carne y cuero”.
2) BANDA FRONTERA: La frontera como larga duración surge en el siglo XVII. La Banda Oriental era la frontera entre los imperios de España y Portugal, por lo que fue un territorio disputado entre ambas coronas. Estas disputas se materializaron con la fundación de plazas fuertes: Colonia del Sacramento en 1680 por parte de Portugal, y Montevideo en 1724 por parte de España; con las que ambos reinos buscaban afirmar su dominio en la región.
Tras la independencia, esta larga duración se
mantiene y se manifiesta en la intervención de países vecinos en nuestros
asuntos internos y en la vinculación del Estado Uruguayo en los conflictos
internos de sus vecinos.
3) BANDA
PUERTO: Esta última larga duración surge tras la fundación de Montevideo,
establecida para defender la frontera con Portugal, y la habilitación de su
puerto para el comercio con España. La excelente condición del puerto de
Montevideo, (aguas profundas, ubicación estratégica, por ser el primer puerto
de ingreso al Río de la Plata y en la época, la primera y casi única fuente de
recaudación de impuestos) la bahía y el cerro, lo transformaron en el lugar
ideal para centralizar las operaciones de la flota española en el Atlántico
Sur.
Explica los motivos de la fundación de Montevideo y las ventajas de su puerto natural.
A
partir del primer reparto de tierras por parte del Capitán Pedro Millán, las
primeras "suertes
de estancia" fueron entregadas a las familias recién
llegadas a Montevideo. A partir de allí, comienza un proceso económico y de
asentamiento de familias en las afueras de la ciudad. A estos primeros vecinos
se le sumarán aquellos que, sin tanta suerte, debieron asentarse en las afueras
de la ciudad amurallada.
Este
sistema de repartición de estancias y cabezas de ganado a las familias más
influyentes devino en que la
ganadería pasó a ser la actividad económica por excelencia en la campaña. De esta actividad se obtenía principalmente el cuero, pero
también el sebo y la grasa.
Las
estancias pasarán a ser, al decir de Reyes Abadie, "un centro económico social
de vida autárquica,
donde se ofrecía una posibilidad de trabajo; un lugar de refugio en un medio
inseguro, donde se guardan armas y puede organizarse una hueste para la guerra,
un núcleo generador de relaciones humanas...".
AL AMPARO DE
LA ESTANCIA
Esa economía depredadora fue orientada hacia una productividad más
racional cuando aparece la estancia. Por merced de la Corona, generalmente, aunque
también por compra, van apareciendo las estancias, siempre de enormes
extensiones. El estanciero era muchas veces un gran ausente. “Era un poseedor
que detentaba la tierra no para colonizarla, sino para utilizarla como lugar de
faena del ganado cimarrón que allí penetraba en busca de pastos o aguadas y que
quedaba encerrado en las rinconadas formadas por la confluencia de los ríos y
arroyos caudalosos. Para salvar la apariencia de que la tierra había sido
efectivamente ocupada, a veces dejada en ella un pequeño rodeo que también
servía de sebo para atraer al ganado silvestre que vagaba sin rumbo. Cuando
llegaba la primavera, el propietario comisionaba desde la ciudad a un capataz
para que, con una partida de changadores contratados al efecto, se trasladara
al campo que él por lo general no conocía ni de vista, a fin de realizar la
matanza en gran escala del ganado alzado que encontrara, con el exclusivo
objeto de extraer el cuero. La carne flaca e insípida del ganado cimarrón sólo
la comían los perros. El propietario que realizaba este tipo de explotación no
podía ser considerado en realidad un hacendado, un estanciero, si se le compara
con aquel otro que tomaba posesión efectiva de la tierra, la habitaba con su
familia y la poblaba de rodeos. En algunos casos era a la vez un comerciante
radicado en la ciudad que entre otras actividades mercantiles despachaba los
cueros obtenidos a su nombre, sin mayor esfuerzo, sin criar ganados, sin correr
riesgos, sin pagar diezmos”. Paralelo a los estancieros ausentistas, dueños de
las llamadas estancias cimarronas aparecían los simples ocupantes, sin título.
Junto a la escasa población – más allá aún al norte del Río Negro -, las
“partidas de hombres sueltos”, las dificultades de comunicación, y la
inexistencia de límites para demarcar las propiedades, conforman la serie de
problemas que aquejaban al campo. De ese campo deriva la forma de autoridad
política que se impondrá en nuestro territorio en el siglo XIX y de la
cual José Artigas es la más clara expresión:
el caudillo. Un gaucho mejor, que potencia los valores del medio y que en
base a carisma se convierte en centro de las huestes de su pago. “El gaucho ha
de admirar en él sus propias cualidades elevadas al grado heroico, ha de
reconocerse y admirarse en él a sí mismo” subraya Zum Felde.
Explica cuales fueron las mayores dificultades de nuestra campaña oriental a comienzos del siglo XIX.
Explica por que el caudillo fue la expresión política del medio rural.
Explica la frase "(...) el gaucho ha de admirar en él - caudillo- sus propias cualidades (...)"
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